Chabelo sí es inmortal. Gracias a su trabajo y a sus ‘cuates de provincia’

Nació en Chicago; regresó a México y fue reclutado por el U.S. Army cumpliendo con su servicio militar y de “retache” el cuate de provincia”, se fue a la capital; estudió medicina, ejerció su carrera 4 años y luego se volvió actor y comediante. Murió Xavier, pero Chabelo, es eterno.

Durante años, la carrera, vida y obra de Xavier López “Chabelo”, se vio reducida a una ola de memes y bromas en Twitter, algunas graciosas, otras de pésimo gusto, que hacían mofa de su longevidad.

En los tiempos del “todo inmediato” y en la que todos consideran que su opinión o broma son simpáticos o porque tienen una plataforma para gozar de sus 15 ya no minutos, sino segundos de fama, se borró o pasó por alto que más de tres generaciones de mexicanos crecimos viéndolo “En familia” y que por casi 60 años tuvo una carrera y presencia en los medios.

Resultó que Xavier López no era inmortal. Falleció el 25 de marzo de 2023 a los 88 años. 

Y como casi todo ser humano al morir, sobre todo si fue una verdadera ‘figura pública”, se comienza con el acto de arrepentimiento y valoración colectiva de su legado.

Pero la historia de “este cuate de provincia”, este mexicano, este mexicoestadouidense, no puede verse reducida a las bromas y a ser el tema del momento.

Xavier López Rodríguez nació el 17 de febrero de 1935 en Chicago, Illinois. Sus padres, originarios de León Guanajuato, emigraron como muchos mexicanos de ese estado, a Estados Unidos, a Chicago, en busca de una vida mejor.

Cuando Xavier cumplió un año, la familia luego regresó a León, donde pasó su infancia. Como “american citizen”, cumplidos los dieciocho años “regresó a Estados Unidos para ejercer su servicio militar, siendo reclutado por el U.S. Army para colaborar durante tres meses en una base militar ubicada en San Diego, California, donde casi fue enviado a la guerra de Corea. Pero esto ya no fue así porque el conflicto concluyó durante su estancia en esos días. Retornó a México y se mudó a la ciudad junto a su familia para poder estudiar la carrera de medicina, pero la dejó para continuar con la actuación«.

En la década de los 50, comenzó a interesarse por la actuación y a trabajar en Televicentro —ahora Televisa— por ayuda del productor Luis de Llano Palmer como camarógrafo y jefe de piso. Le gustó lo que hacía pero también, lo que hacían los actores y decidió estudiar actuación.

Luego, como comediante, contó un chiste sobre un niño llamado Chabelo y ahí empezó la historia. Y aunque desde entonces también comenzó a actuar en cine y televisión, en los 60 fue cuando su carrera como el niño enorme de los shorts súper cortos, despegó.

En los 60, fueron los inicios de Chabelo. Tuvo un programa de radio, comenzó a contar con el patrocinio de marcas y lo mismo interactuaba con el tío Gamboín —Ramiro Gamboa (1917-1992)— y siguió en el cine.

De las escenas que más se le recuerdan es esta, de “El Extra” (1962), película de Mario Moreno “Cantinflas” (1911-1993) y en la que también participa otro actor mexicano, Valentín Trujillo (1951-2006). A veces, era Chabelo, otras, Xavier, el joven de la voz ronca con aspecto de niño.

También hizo tres películas con Martín Ramos, “Pepito” que gracias a las repeticiones en televisión y a las matinés en los cines, se veían y gozaban.

Desde 1967 hasta 2015, tuvo al aire su programa de corte familiar “En familia con Chabelo”, el vehículo para que el fenómeno Chabelo se extendiera y viviera. Y aunque también trabajó en otros programas de Televisa, de la vieja Televisa, con su sistema de estrellas, como “La criada malcriada” con María Victoria y “La carabina de Ambrosio”, haciendo dupla sobre todo con César Costa, así como haciendo otros proyectos, su programa fue el que se ganó el cariño especial de los niños mexicanos.

Hablaré desde lo que me tocó, como una niña de provincia, que vivió su niñez en la década de los 80.

De ley era ver el canal 2, «el canal de las estrellas», Televisa, los domingos. Primero, el programa “Odisea Burbujas”, con Patas Verdes, Mimoso Ratón, Pistachón Zig Zag, Mafafa Musguito y el Doctor Memelovsky, un programa educativo que nos enseñaba tanto de ciencia como de historia y aventuras. Después venía “En familia con Chabelo”, que durante un par de horas, nos dejaba ver cómo los “de la capital”, se la pasaban de lo mejor en un set de televisión, viendo en directo los concursos, las actuaciones y a Chabelo, “el amigo de todos los niños”.

Quizá, queríamos participar en la escalera loca, el juego dinámica favorito de muchos y que tratábamos de imitar luego en la casa. Queríamos ver al Mago Frank y al conejo Blás y que el Señor Aguilera y Chabelo se acordaran “de los cuates de provincia”, ya que este programa fue el primero que se dirigió directamente a nosotros, los del resto de los 31 estados de la República Mexicana que desde nuestras casas, teníamos que ver el programa y soñar quizá con “ir a la capital” a concursar.

 Lo mismo nos emocionábamos cuando le respondían la llamada de teléfono o leían las cartas en el estudio de otro provinciano, que nos poníamos tristes si no ganaban nada. Aprendimos a  asociar “catafixear”, con ganar. Hicimos esa palabra un verbo del idioma mexicano y que después de “cantinflear”, es de las más famosas, pero que si sacaban dos “espantosas X”, —otra frase que nos dejó— no podíamos saber qué habría en la catafixia, don había premios que se podían cambiar detrás de cortinas, lo mismo podían ser unas vacaciones, un yate, los imperdibles “Muebles Troncoso”, o una dotación de Ricolino.

Al dejar la niñez, uno ya no volvía a prestarle atención a la barra de programación de los domingos de Televisa. Menos en la adolescencia, con la llegada del sistema de cable. Ya en los 90, voltéabamos a ver MTV Latinoamérica y otras joyas. Y nos olvidamos de Chabelo. Algunos de sus “cuates de provincia”, empezamos a notar ciertas cosas un tanto sexistas del programa —como las edecanes en mini shorts— y nos parecía raro y extraño ese modelo de televisión que ponía a adultos como niños, la misma fórmula de Chespirito. 

Con la adolescencia y los cambios sociales del México de los 90 —el asesinato de Colosio, la crisis de 1994, etc.— nos llegó lo cínicos y críticos. No podíamos seguir la línea de ese contenido. Menos ya en la Universidad y estudiando Ciencias de la Comunicación. Para algunos, estudiar esa carrera y tener la posibilidad de ejercerla, nos requería tener pensamiento crítico y decidir que si íbamos a ser comunicadores, no podíamos ser sólo repetitivos, que se requería educar, informar y entretener. En esa edad en eso puede no haber romanticismos.

Cuando su programa salió del aire, quizá ni nos dimos cuenta, quizá hasta lo celebramos. Quizá pensamos que el personaje se apropió del hombre, que seguía saliendo en shorts, que seguía hablando con voz aguda, pero que también era Xavier López y hacía otros proyectos, desde teatro, cine, televisión y doblaje.

Como una de tantos mexicanos que emigró también como los papás de Xavier López a Chicago y siendo guanajuatense, ahora es que entiendo más de la historia de su personaje y valoro el legado, trabajo, esfuerzo y profesionalismo de Xavier López.

Personalmente, dos de los proyectos —además del programa y de la película “Chabelo y Pepito contra los monstruos”— en los que más me gustó verlo, fue como parte del elenco del filme “Club Eutanasia” (2005).

El otro, es la película “Amar” (2009), donde hace pareja con otra mexicana formidable y que no se ha valorado como debiera: Isela Vega (1939-2021). Ellos eran Benito y Concha, una pareja de adultos mayores que se profesaban un amor tan bello, que al ver a Benito vivir el duelo de perder a su amada, nos hacía creer en el amor eterno. Además, Xavier López tuvo la oportunidad de rendirse un tributo a sus inicios, ya que su personaje en la trama era un camarógrafo/mil usos de piso.

Aún así, con la llegada de las redes y sus bromas, quizá nos subimos al “tren del mame” y nos olvidamos que Chabelo que al fin también era un cuate de provincia, sí se acordó de nosotros.

Pero¿qué creen cuates de provincia y los de “la capital»? Que con la muerte de Xavier López Rodríguez, nos dimos cuenta que Chabelo sí es inmortal. 

Vive en los corazones, memoria afectiva y cognitiva de todos esos niños que lo vimos y que crecimos viéndolo “En Familia con Chabelo”. 

Gracias, cuate.

Atentamente,

Una de tus tantas cuatas de provincia y paisana guanajuatense y chicaguense que siempre quiso participar en el programa para ganarse «la máquina de raspados» (fiesta de sabor). 

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