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María Félix, una mujer con corazón de hombre

Recordando a la gran diva del cine mexicano a dos décadas de su muerte.

Unos le dicen mito. Otros leyenda. Ella se definía simplemente como “una mujer con corazón de hombre”. Nadie sabrá si la Félix era como su personaje, o si la creación del mismo le prohibió mostrarse como realmente era.

María de los Ángeles Félix Güereña nació en Álamos, Sonora un 8 de abril “en un año que muchos quisieran saber y que a mí no me da la gana citar”, como ella misma declarara en 1961 a la revista “Life”,  aunque se cita oficialmente que nació en 1914. Fue la novena de 12 hijos del matrimonio formado por Bernardo Félix y Josefina Güereña.

Sus hermanos fueron Josefina, María de la Paz, Pablo, Bernardo, Miguel, María Mercedes, Fernando, Victoria Eugenia, Ricardo, Benjamín y María del Sacramento.

Durante su infancia, María Félix se distinguió por preferir los juegos propios de los niños y dejando a un lado las muñecas. Pasó su infancia entre la casa de sus padres y el rancho de sus abuelos, llamado “El Quirego”. Prefería la compañía de su hermano Pablo, por lo que su madre comenzó a parecerle peligrosa la relación entre hermanos y previo acuerdo con su esposo, envió a Pablo al Colegio Militar, donde más tarde moriría bajo circunstancias extrañas.

La familia se mudó de Sonora a Guadalajara. Cuando María tenía 13 años, ya empezaba a ser el centro de atención de las miradas masculinas. A instancias de sus compañeros y admiradores, María fue reina de la Universidad Autónoma de Guadalajara.

Al poco tiempo y con el objetivo de liberarse de la disciplina de su padre, contrajo nupcias con Enrique Álvarez, con quien procreó a su único hijo, Enrique. Este matrimonio duró poco y cuando se divorciaron, María se trasladó a la Ciudad de México con su hijo.

Vivió en una casa de asistencia y comenzó a trabajar como secretaria de un cirujuano plástico, siendo ella el “gancho” para atraer nuevas clientas, aunque en ese entonces no se había sometido a ninguna intervención quirúrgica.

Un día su ex marido se presentó en su casa y se llevó a su hijo a pasar unas vacaciones con él. María no imaginó que Álvarez pretendía secuestrar a su hijo y llevarlo a vivir con él. Aunque interpuso una demanda, no pudo hacer nada y su “Quique”, le fue arrebatado.

Su descubrimiento

A principios de los años cuarenta, fue descubierta por el ingeniero Fernando Palacios quien la convenció de que realizara una prueba para actuar en cine. En un principio no lo tomó en serio y hasta llegó a pensar que lo que quería era una aventura con ella. Una vez convencida de que no era así, le gustó el reto y aceptó la invitación. “De ahí en adelante todo sería historia y leyenda”, citó el periodista  Luis Terán en el artículo “El arte de ser María Félix”, publicado en la revista “Somos” en  el 2000.

Su primer película fue “El peñón de las ánimas”, donde actuó al lado de Jorge Negrete, “El charro cantor”, mismo que diez años después fuera su marido. Sería su tercera película “Doña Bárbara”,  (1943) basada en la novela del venezolano Rómulo Gallegos, la que le daría fama y el sobrenombre por el que fue conocida el resto de su vida: “La Doña”.

A lo largo de su carrera, actuó en 47 películas, todas en plan estelar. Ha sido una de las pocas artistas mexicanas que alcanzó el éxito en otros países, en su caso principalmente en España y Francia, donde filmó 11 co-producciones italo-francesas, italo-alemanas y españolas.

En México son memorables las escenas que dejó al cine nacional en filmes como «Enamorada» (1946) del director Emilio «el indio» Fernández, gracias a la fotografía de Gabriel Figueroa y en su último filme, «La Generala» (1971), en una escena surrealista.

“Hollywood no me interesó, los norteamericanos me ofrecieron (papeles) de cheyena todo el tiempo, no me interesó para nada, para irles a hacer un papelito por ahí, ni de loca. Yo tenía mi lugar en México y en Europa”, declararía la diva en 1992, en entrevista en el programa “La Movida”.

Los amores de ´María Bonita´

“Me casé por interés, no sólo por el interés del dinero, es por otros intereses. Desde que salí de la casa de mi madre, escogí mi independencia, hacer lo que yo quisiera, estar con un hombre cuando yo quisiera, el que yo quisiera. Me lo pueden creer o no, los hombres no me escogieron a mí, no dijeron ´ésta´, yo escogí a mis hombres, por eso he sido tan feliz, porque yo llevaba un poco la manivela de la movida, nunca me dejaron, yo nunca he tenido desgracias de amor, yo nunca he tenido pleitos, como no me escogieron, yo podría dejarlos cuando yo quisiera. Pelear por un hombre, no, por trabajo, sí. Yo siempre le puse placas a mi coche, me casaba porque quería, nada me obligaba”, dijo en la entrevista en “La movida”.

Se casó cuatro veces, con Enrique Álvarez, el padre de su hijo;  con el cantautor Agustín Lara en 1943, con Jorge Negrete en 1952 y con el empresario francés Alex Berger en 1956. Éste sería su matrimonio más largo, ya que duró hasta la muerte de Berger en 1974. Sobre su matrimonio, Félix había dicho que Berger le había dado “además de una vida muy amable y armoniosa, pues un poco de billete, que nunca cae mal… no es lo más importante en la vida, pero cómo ayuda”.

Su último compañero sentimental fue el pintor francés Antoine Tzapoff.  “El asunto de hombres se me ha dado muy bien. Un hombre en la casa te da un ambiente de amor. Los míos, porque los míos no son como todos”, declaró en alguna ocasión.

La fascinación por la Félix.

Su personaje, la figura que creó a base de sus personajes, fue lo que me motivó a que, en 2000, tras terminar la carrera de Ciencias de la Comunicación de la Universidad La Salle Bajío (León, Guanajuato, México), escribiera mi tesis sobre ella, titulada “María Félix en el cine mexicano”.

En esa investigación de tesis que sigue válida hasta estos días, se demostró que los personajes que le dieron fama a la Félix nos mostraron a una mujer que era una mezcla de las diosas griegas: Afrodita, Atenea y en ocasiones, Hestia.

En sus personajes, era  el arquetipo perfecto en cine, de lo debería ser una mujer: Bella e inteligente, capaz de combatir y de conquistar.

Cuando emigré a Chicago, en marzo de 2002, el primer artículo que publiqué en esta ciudad, fue una semblanza sobre ella, con motivo de su muerte. Ese artículo, titulado “María Félix entró a la eternidad”, fue ganador de un premio a Mención Honorífica en  los premios de la Asociación Nacional de Publicaciones Hispanas (NAHP) en 2003.

Han pasado 20 años de su muerte. Y es, hasta nuestros días, una de las figuras más imitadas. Pero como ella misma lo diría: “Una mujer original no es aquella que no imita a nadie, sino aquella a la que nadie puede imitar”, que aplica perfecto en su caso.

“La Doña” supo aprovechar su tiempo, su exposición, su personaje. 

El caso curioso de la Félix es que nunca quedó definido en qué punto comenzaba en ella la realidad y terminaba la fantasía.

El espectador común no sabría distinguir. Ella supo hacer de su belleza su mejor arma para lograr sus metas. Lo suyo fue una mezcla de belleza, inteligencia y astucia. De nada le habría servido la belleza para permanecer como un ícono hasta estos días.

María forjó entonces a ese personaje llamado María Félix con su propio carácter, pero no se creyó todo lo que se decía o se asumía sobre ella.

“Mi persona, mi personaje, yo nunca me he tomado en serio, por favor. Si yo me tomara en serio, con los cumplidos, con los caballos, con los toros, con las canciones, con las amistades, con los maridos… ¿A dónde iba a llegar yo? A alcohólica, viciada, fumada, no se qué, pero yo nada”, declaró en el programa “La movida”.

La fascinación que despierta María Félix más allá del tiempo, no tiene final. El espectador común no podría distinguir entre la Félix verdadera y la de ficción. Su belleza fue clave, pero más su inteligencia y astucia.

María forjó su personaje con su propio carácter, el de una mujer fuerte que decía que su principal atributo era tener “corazón de hombre”.

“Lo que en una mujer es una cualidad tener corazón de hombre, en un hombre tener corazón de mujer, es una castástrofe”, decía.

La fantasía mezclada con la realidad siempre va a roderar a la figura de María Félix. Siempre se va a encontrar un punto que estos dos conceptos se unan formando uno. Ella siempre hizo énfasis en que no era un personaje histórico, y que no se le debía investigar.

“A una actriz no se le investiga, a una actriz se le inventan cosas, una actriz es un sueño”.

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