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Cuando Vicente Fernández se despidió de Chicago

Foto: Omar Robles para Hoy

 El arco de La Villita, corazón de la comunidad mexicana en la ciudad, fue el escenario perfecto para brindarle un homenaje a Vicente Fernández, ídolo de la música ranchera y mexicana.

Desde temprano, familias enteras se dieron cita en la esquina de las calles 26th y Troy para ser parte de un evento histórico. Ahí, Fernández recibió las llaves de la ciudad y el tramo comprendido entre Troy St. y Western Ave., fue nombrado Vicente Fernández Ave. en su honor. Además, del 20 al 27 de octubre se celebra la Semana de Vicente Fernández en Chicago.

Estaciones radiales de la ciudad como La Ley 107.9 FM y La Qué Buena 105.1 FM comenzaron transmisiones a control remoto desde La Villita para mantener enterada a su audiencia de los pormenores.

Jesús Matías, originario de la Ciudad de México, llevaba un dibujo a lápiz que hizo en honor a Don Vicente. Iba al evento con la finalidad de entregárselo al intérprete en mano. 

Y fue uno de tantos que esperaba poder darle un detalle a don Vicente.

Con una imagen de Vicente Fernández estampada en una playera, Emilia Sánchez Martínez llegó muy temprano a la esquina de la cita para ver a “mi suegro”. 

“Es para mí un honor muy grande, para mí, para mi familia, que una calle en el barrio mexicano lleve el nombre de un servidor”.

Vicente Fernández

“Es el único que queda de los grandes artistas”, comentó. 

Después de la intervención musical del mariachi Oro y Plata y la interpretación del cantante local José Alfredo, la emociones desbordadas comenzaron a invadir el ambiente.

Más cuando la camioneta resguardada por una patrulla de policía, en la que don Vicente viajaba, llegó al lugar.

Las primeras en subir al escenario fueron su esposa, doña Refugio Abarca y su hija Alejandra. Momentos después subió Vicente Fernández Jr. Y justo cuando Vicente Fernández subió a la tarima, llegó otra invitada: La lluvia, que fue la causante de que el evento se tuviera que realizar lo más rápido posible.

La placa conmemorativa que develó Vicente está ubicada justo en la esquina de las calles Troy y 26th, del oeste al este y estaba cubierta por una bandera mexicana; fue ahí donde el concejal George Cárdenas (D-12) leyó la proclamación de la calle, rodeado de curiosos, prensa y varios agregados.

Ya en el escenario llegó el momento de oír y hablar a don Vicente, quien agradeció a “su familia mexicana en Chicago y a la comunidad latina”.

“Anoche (el 21 de octubre) fue el último concierto que tuve aquí en Chicago, pero mi corazón se queda aquí, con el pueblo de Chicago, porque aunque ustedes no lo crean, fue la primer ciudad americana que pisé en una gira hace 45 años. Muchísimas gracias, es para mí un honor muy grande, para mí, para mi familia, el que una calle en el barrio mexicano lleve el nombre de un servidor. No tengo con qué pagarles tanto, porque yo soy una gente que nací en un rancho y lo que he aprendido es porque ustedes me lo han dado. Lo que tengo, lo que soy, se los debo a todos ustedes y que Dios los bendiga”, dijo.

“Lo que tengo, lo que soy, se los debo a todos ustedes y que Dios los bendiga”.

Vicente Fernández

Acto seguido complació cantando “El hijo del pueblo”, de la autoría de José Alfredo Jiménez, el tema que mejor lo describe.

Nació en un barrio humilde. Alejado del bullicio y de la falsa sociedad y, por eso, no tuvo la desgracia de no ser hijo de pueblo. Por eso este homenaje, sólo podía tener lugar en una ciudad como Chicago, y ante todo, en el barrio mexicano.

Publicado originalmente el 22 de octubre de 2012.

La reseña del concierto, la despedida de ‘El Rey’

No parecía una despedida. Y menos la definitiva. Vicente Fernández, como cada octubre, estaba en uno de sus magistrales conciertos en Chicago, en esa cita que año con año era de ley, de rigor, de deleite.

En otros años lo vimos solo, con su hijo menor Alejandro, con Ana Gabriel, con Paquita la del Barrio o con Edith Márquez en ese mismo recinto, el Allstate Arena.

La melancolía, la alegría y la tristeza se mezclaban en el ambiente con las copas, con las canciones, con la música de mariachi, cuando el mayor de sus hijo -sus “potrillos”- Vicente Fernández Jr., quien debutó en Chicago.

Vicente pudo elegir a cualquiera para esta gira a cualquier acompañante, pero estos conciertos tenían que ser muy de casa. Vicente hijo salió al escenario a las 8:10 pm y cantó 10 temas, como “Tristes recuerdos”, “Tatuajes”, “Ella”, “Monedita de Oro” y cerró con “Secreto de amor”.

Inmediatamente al terminar de cantar el Jr., el padre subía al escenario cantando “Borracho te recuerdo”.

“Con el corazón en la mano y lleno de melancolía, estoy aquí para darles las gracias, muchísimas gracias, por tantas cosas tan hermosas que me regalaron a través de mis 47 años de carrera. Muchísimas gracias, que Dios los bendiga, pero hoy todavía y mañana, ya saben cuál es mi lema: ‘Mientras ustedes no dejen de aplaudir, su Chente no deja de cantar’”, dijo a modo de bienvenida en su primer concierto de despedida.

Cantó luego sin parar: “Ojalá que te vaya bonito” -en ocasiones cambiando la letra a ‘ojalá que les vaya muy bonito’ con motivo de esta despedida anunciada-, “Estatua de marfil”, “Me voy a quitar de enmedio”, “Urge”, “Aprendiste a volar”, “Por tu maldito amor” y  “Nos estorbó la ropa”.

Al cantar ese tema, el moño le estorbó porque se lo arrancó, como es costumbre, para regalarlo a una fanática.

Vicente, que en otros años le daba por platicar mucho con su público, parecía no querer darse tregua cantando de principio a fin. No quería dejar ninguna canción preferida de su repertorio sin cantar, quería complacer tanto en esta despedida. 

También parecía no querer hablar. Pero como buen “cojonudo” hacía de tripas corazón. No pudo evitar llorar, emocionado por los aplausos, por estar de pie diciendo adiós entero a sus 72 años y casi 50 de carrera.

Le siguieron “Te molesta”, “La derrota”, “Para siempre”, “Estos celos”. Vendría una pausa para invitar de nuevo al escenario a su Jr. para cantar “Vamos a quererla más”, dueto que forma parte del disco “Los dos Vicentes” y tema dedicado a doña Refugio Abarca, la esposa y madre de los hijos de don Vicente, quien estuvo en primera fila, siempre pendiente de su “charro”.

“Qué de raro tiene”, “Acá entre nos”, “Bohemio de afición”, “La diferencia”, “Las llaves de mi alma”, “Serenata huasteca”, “Ella” y “Perdón” vendrían después.

A la hora de cantar “Gracias”, de la autoría de José Alfredo Jiménez, no pudo evitar llorar. ¿Cómo podría pagar que el público lo quisiera a él y a todas sus canciones? Sólo cantándolas, dejándolas para el recuerdo, para la serenata, para las borracheras.

“Cruz de olvido”, “Mujeres divinas”, “El corrido del vaquero”, “Lástima que seas ajena”, “No me sé rajar”.

Pidió permiso al público para cantarle a su “novia” desde hace más de 49 años, a doña Refugio, para seguir cante y cante: “Albur de amor”, “De qué manera te olvido”, “El abandonado” y “Hermoso cariño”, dedicada a su hijo Alejandro. Contó que esa canción la grabó hace más de 40 años luego de haberse presentado en Chicago.

“Estaba aquí cuando me avisaron que había nacido Alejandro”, recordó.

Vendrían “Guadalajara”, “La ley del monte” y “México lindo y querido”. Mientras interpretaba éste tema, alguien del público le pasó una bandera mexicana con la que se cubrió y luego besó.

Cantó luego “Volver, volver”, tema que en otros años, era el aviso más confiable de que volvería. 

Pero esta vez, ya no volverá. 

Esta, fue la despedida definitiva de Chente.

Originalmente publicada el 21 de octubre de 2012.

La previa del concierto

Cualquiera que haya asistido al menos en una ocasión a un concierto de Vicente Fernández sabrá que con el anuncio de su gira de despedida de los escenarios, quedará un gran vacío sin las presentaciones de “el rey de la música ranchera”.

Marcará el cierre de los conciertos multitudinarios, de los de un solo artista que es capaz de llenar un recinto, enchinar la piel de los asistentes y lograr que todos tengan una comunión con él.

Sí, “Chente” se nos va. Desde que comenzó su gira de despedida y que lo ha llevado por España y Sudamérica, Fernández no ha parado de llorar. 

El adiós definitivo de los escenarios más no de la música, lo dará el 14 y 15 de diciembre en su casa, la Arena VFG en Guadalajara, Jalisco. 

No debe haber sido una decisión fácil tras cuatro décadas en los escenarios, en plazas, palenques o recintos multitudinarios. A los 72 años, Vicente se quiere retirar “dignamente”. 

Pero en febrero lo anunció y no había marcha atrás. 

“Yo cuando tomo una decisión es definitiva, entonces estoy pensando que esta ida a España, Centroamérica y Sudamérica es la última vez que voy a tener la oportunidad de agradecer el cariño, la presencia del público. Un artista necesita retirarse con mucha dignidad, en el mero momento, y yo creo que en este año voy a despedirme de todos ustedes, de todo el público de Centro y Sudamérica, voy a despedirme de España, por el cariño que me brindaron por muchos años», dijo entonces.

Los palenques de gallos, recintos de las ferias de México tampoco serán lo mismo. Todos los que hemos tenido la oportunidad de verlo en los palenques de ferias como la de León, Guanajuato, Aguascalientes o Guadalajara, Jalisco, sabemos lo especiales que eran las presentaciones de Don Vicente. 

Cuando los combates de gallos terminaban y seguía la variedad, llegaba la hora de emborracharse, de abrir la garganta para cantar porque como dice Chente “mientras ustedes no dejen de aplaudir, yo no dejo de cantar” y ¡vaya que lo cumplía en los palenques!

Hay entre el gremio gallero mexicano quienes recuerdan haberlo oído cantar durante más de cuatro horas, animado por el calor de las copas de licor -las que se tomaba él, más las que se tomaba el público-.

Las fotos, los besos y los pleitos son parte de ese ese universo que se vive en el palenque, donde se apuesta todo a la suerte de un gallo.

Pero también ya “Chente” se despidió de esa tradición. Su último palenque fue el 14 de octubre en Guadalajara.

Hay quien dice que Vicente Fernández es como “Dios” para los mexicanos, que exageramos. Otros critican que en Chicago se le vaya a rendir honor este 22 de octubre, otorgándole las llaves de la ciudad, nombrando una calle en su honor y proclamando del 20 al 27 de octubre la “Semana Oficial de Vicente Fernández en Chicago” (no queda claro si en esa semana se permitirá oír su música a todo volumen, o “pistear” en lugares públicos teniéndolo de música de fondo).

No es muy difícil entender que fenómenos como el de Vicente Fernández, el impacto que tiene un cantante entre la gente, entre el pueblo, no es algo que se planee, que se orqueste. Eso es como el amor, se da. O no. Su autenticidad, su voz, su estilo, su sentimiento lo hizo acreedor del título de “el rey de la música ranchera”.

Vicente Fernández representa a México, a una parte del país, a un espectro del mexicano. Tiene conflictos y contradicciones como ser humano y como artista.

 Y para bien o para mal, es el ídolo y será, por mucho tiempo, el rey.

Con su retiro, Vicente Fernández deja un espacio muy grande en el entretenimiento. ¿Surgirá, otra figura que le llegue, al menos a los talones? Está  difícil.

Tras sus dos presentaciones en Chicago el 20 y 21 de octubre como parte de su gira de despedida de los escenarios, el “rey de las rancheras” Vicente Fernández recibirá las llaves de Chicago, para que, como dice la canción “Las llaves de mi alma”, pueda entrar a la hora que él quiera.

El reconocimiento será entregado el 22 de octubre a las 11 am en el barrio mexicano de La Villita, en la esquina de las calles 26 y Troy, en el arco de La Villita y es de parte de la Ciudad de Chicago, el Estado de Illinois y la empresa Viva Entertainment Network.

Se tiene pautada la asistencia de Vicente Fernández al evento; además se nombrará una calle en honor del cantante, bautizada como “Vicente Fernández” y se proclamará del 20 al 27 de octubre la Semana de Vicente Fernández en Chicago.

El reconocimiento será entregado por el concejal George Cárdenas y estará presente el empresario Iván Fernández, presidente de Viva Entertainment Network.

En el primer comunicado de prensa sobre el evento, enviado el 17 de octubre, se había asegurado que el nombre de la calle sería “Vicente Fernández Way”, lo que no fue del agrado de la comunidad.

En las redes sociales de Facebook y Twitter, cuando publicamos la nota, esto generó opiniones y hasta el propio hijo de Vicente Fernández, Vicente Fernández Jr. “retuiteó” nuestros comentarios. 

El locutor de la Ley 107.9 FM, Raúl Bernal en su programa “El show de La Bola”, también puso el tema en discusión entre sus radioescuchas.

La connotación que tiene al leerse en español «mexicano» la palabra en inglés «Way», suena a «güey», modismo o palabra que se utiliza para nombrar a una persona sin decir su nombre, pero también, aparece en el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española con el significado de «persona tonta»… y esos son solo dos usos que el mexicano le da a la palabra «güey».

De ahí que el uso de «Way» para nombrar una calle en honor de Vicente Fernández sea culturalmente inapropiado.

El 18 de octubre, nos comunicamos con la oficina del concejal Cárdenas y su vocera le  informó a Hoy que el nombre inicial dado a conocer en el comunicado “era un error” y que se hizo el cambio del nombre de la calle a sólo “Vicente Fernández”.

Publicado originalmente el 18 de octubre de 2012.

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