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Don Miguel Ruiz: Los cuatro acuerdos y el arte tolteca de la vida y la muerte

Dos conversaciones con el chamán acerca de  la filosofía de la cultura tolteca para lograr el equilibrio personal.

Sé impecable con tus palabras. No tomes nada personalmente. No hagas suposiciones. Siempre da lo mejor de ti.

Es la filosofía de vida que el escritor mexicano Don Miguel Ruiz ha puesto en práctica y compartido en su libro “Los cuatro acuerdos”, publicado por primera vez en 1997.

Al leer los acuerdos parecen sencillos, pero que en práctica, se pueden volver difíciles si no se tiene conciencia y respeto, primero hacia uno mismo.

Ruiz nació en Guadalajara, Jalisco, en 1952 en el seno de una familia de curanderos. Su madre era curandera y su abuelo, un nagual (chamán), que compartían con otros el conocimiento antiguo de la cultura tolteca.

Pero Don Miguel decidió estudiar Medicina. Un encuentro cercano con la muerte le hizo saber que tenía el don de su madre y de su abuelo, un don que existe mucho antes de su nacimiento.

“Es un legado que viene de hace mucho tiempo, el legado del artista. Tolteca significa artista”, explicó Ruiz en entrevista (2013).

Lo que comparte y practica se basa en el respeto y en el uso del sentido común.

“Es muy simple. Las personas se hacen las cosas complicadas. Mis padres me inculcaron siempre el respeto por los otros, me dijeron que era posible convertir nuestros sueños realidad si tenemos una voluntad fuerte y disciplina. Crecí de esa manera y cuando tuve mis hijos les enseñé lo mismo”.

Dos de sus hijos, Don Miguel Ruiz Hijo y Don José, también escriben libros y guías espirituales tal como su padre. 

José Ruiz publicó también “Los cinco niveles del apego”, partiendo de lo escrito por su padre en “Los cuatro acuerdos” y libro en el que se habla de la necesidad de aferrarse que tenemos los seres humanos. 

Tenemos esa necesidad de atesorar momentos, de no dejar el pasado atrás y de preocuparnos por el futuro sin pensar en el presente. 

Y básicamente, no escuchamos. Al no escucharnos a nosotros, no escuchamos a los otros, y no nos podemos comunicar. 

“El primer paso es tener conciencia. No podemos cambiar algo de lo que no nos damos cuenta que debemos cambiar. Una vez que nos damos cuenta sigue el paso más importante, que es el respeto. Si empezamos a respetar, vamos a encontrar una paz inmediata, el respeto va a comenzar siempre con nosotros mismos, cuando empiezo a respetarme, mi historia, mi vida,  todo cambia, porque al respetarme a mí no voy a dejar que nadie me falte el respeto ni le voy a faltar el respeto a nadie, eso nos lleva a la paz interna, a la paz material y luego a la paz de la comunidad”, explica.

El respeto es algo muy importante, reafirma. “Sobre todo en el amor, porque si en el amor no tenemos respeto, ese amor no va a durar mucho tiempo, se va a desintegrar, más nos faltemos al respeto se desintegra más rápido, es importante, el respeto es increíblemente poderoso, con respeto vivimos en paz, es muy importante. Luego vamos a necesitar la fuerza de voluntad y la disciplina para poder alcanzar nuestras metas”, compartió.

Tras haber sobrevivido un infarto y posteriormente, haberse sometido a un trasplante de corazón, Don Miguel pasa su tiempo dando conferencias en diferentes partes del mundo, ayudando a otros a entender, que el verdadero cambio es algo simple, porque está en uno, aunque reconocerlo no es fácil.

La mayoría de sus charlas las da en inglés y admite que le interesa mucho hacer programas en español, para llegar al público de América Latina y España. “Uno se comunica mejor en su idioma. El beneficio va a ser para mucha gente que no escucha a los maestros (de la filosofía) por la barrera del idioma”.

Otro consejo de Don Miguel para el diario vivir, es no ser susceptibles a los comentarios que otros tengan de nosotros. 

“La palabra tolteca es artista, todos somos artistas. El artista siempre está creando y cada artista crea una obra maestra de arte, no necesariamente tiene que ser músico, cantante. Es crear la historia de nuestra vida, cada uno la crea».

Don Miguel Ruiz

“No podemos opinar de gente que no conocemos. Por dar una opinión, hacemos caso a lo que dicen los demás, eso nos crea una reacción emocional. ‘Los cuatro acuerdos’, son solo el inicio, la introducción al pensamiento del artista, al pensamiento del tolteca. Al verte a ti como un artista, en lugar de enfocarte en tus debilidades y dramas, te enfocas en lo que es bello, en lo que más te agrada. Al cambiar nuestro enfoque, nuestra vida va a cambiar completamente”.

Ese encuentro con la muerte

El 28 de febrero de 2002, a las cuatro de la mañana, Don Miguel Ruiz lo despertó un fuerte dolor en el pecho.

Como es médico, el escritor de “Los cuatro acuerdos”, supo que se trataba de un ataque cardíaco del que uno de los síntomas inequívocos, es la sensación de muerte.

“Sabes que te estás muriendo. Sentía un dolor intenso, pero estaba emocionado por la experiencia de dejar el cuerpo. Después de llamar al 911, llamé a mi mánager, le dije con entusiasmo lo que me estaba sucediendo, que era una gran oportunidad para enseñar a mis aprendices cómo enfrentar esa transición de una manera distinta a como es la costumbre”, relató en conversación.

A su llegada al hospital para ser atendido, fue trasladado al área de cuidados intensivos donde se aceptan muy pocas visitas. Al lugar llegó el mediano de sus hijos, Don José, quien al ver a su padre en el hospital, con tubos y demás equipo de cuidados, empezó a llorar.

“Con lágrimas en los ojos me empezó a decir ‘no te vayas, no me dejes solo, no hemos terminado’. Esa fue la parte de la tragedia que él estaba viviendo. Le dije: ¿Es así como vas a celebrar la muerte de tu padre? salte del cuarto y cuando regreses, te voy a decir unas cosas importantes’”, compartió Ruiz sobre ese momento.

Lo que define como una actitud egoísta de parte de su hijo en ese momento, se convirtió en una enseñanza. Don Miguel hizo que su hijo, en su mente, cambiara de lugar. Entonces, su percepción cambió.

Fue esa experiencia que inspiró el nuevo libro de Don Miguel Ruiz que escribió junto a Barbara Emrys, “El arte tolteca de la vida y la muerte”, donde ofrece una mirada íntima y al aprendizaje de que la muerte es sólo una transición o etapa de la vida misma. 

“No somos el cuerpo, el cuerpo es materia, la vida es la energía que le damos al cuerpo. Si nosotros no somos el cuerpo, somos la vida que hace que ese cuerpo funcione, la vida es eterna; es energía y no puede destruirse, solo se transforma. Desde el punto de vista de la vida, la muerte no existe, es una transformación que sucede en  cada momento, como puede ser vender una casa, graduarse de la escuela. Eso queda atrás”, compartió. 

Tras su hospitalización, Don Miguel permaneció en coma por nueve semanas. Al estar a un paso de la muerte, dice, toda su vida hasta entonces, frente a sus  ojos de manera rápida, los recuerdos, la propia percepción de su vida. 

Lo que experimentó en ese periodo sirvió para plasmar sus enseñanzas en este libro.

El origen del conflicto con la muerte 

Cuando un ser querido muere, nos aferramos a la idea de tenerlo en vida. No por él, sino por nosotros. Según Ruiz, es porque como cada uno tiene su propia película, nos aferramos a la historia que creamos. 

“La palabra tolteca es artista, todos somos artistas. El artista siempre está creando y cada artista crea una obra maestra de arte, no necesariamente tiene que ser músico, cantante. Es crear la historia de nuestra vida, cada uno la crea. Somos 7 millones de personas donde cada uno somos protagonistas de la historia que estamos creando. En mi caso es Miguel Ruiz el personaje principal de mi historia, donde todos los personajes secundarios son sólo una extensión del personaje principal”, relató.

No aceptar la muerte, dice, deriva de un conflicto que ha tenido la mente humana.

“Por miles de años, pensamos que el conflicto era entre el bien y el mal, entre la verdad y las mentiras.  La verdad seguirá existiendo, no necesita que nadie crea en ella, simplemente existe. Las mentiras solamente existen porque les damos vida, porque creemos en ellas, el conflicto existe entre las verdades y las mentiras, con esto creamos supersticiones que a veces son muy profundas y tenemos la necesidad de defenderlas y se crea un sistema de creencias”, agregó. 

Usar el conocimiento para liberar la mente, dice, despeja los caminos para llevar una vida plena, sin modelos ni patrones y sin la evasión de la verdad. 

¿Y cómo se cumplen ‘Los cuatro acuerdos’?

“Es muy fácil entenderlo, todos aprendimos a ser como somos.  Lo principal es que aprendemos a amar como los demás aman, cuando nacimos no teníamos conocimiento, aprendimos el amor de acuerdo a cómo nuestros padres aman, como aman en la escuela, cómo aman en la sociedad. La manera en que los seres humanos aman es con condiciones. Aprendimos de esa forma y siempre lo hemos practicado de esa forma, nos aman si somos buenos niños o niñas y si no, nos van a rechazar. Nos aman de la manera que pueden controlarlos. Aprendimos también a amarnos a nosotros mismos también con condiciones, de lo que cada uno quisiera ser  y es cuando vemos muchos fracasos, queremos ser como otros”, explicó.

Lo opuesto es el amor incondicional, como aman los padres cuando nacen los hijos, sin esperar nada a cambio. Amar sin condiciones, dice, es el primer paso en el arte tolteca de la vida y la muerte. 

“Y como por arte de magia todo va a cambiar”, aseguró.

Dos entrevistas con Miguel Ruiz, publicadas en El Hoy, edición impresa, en 2013 y 2014.

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